Rflx

Apunta, aprieta, dispara.

 

Apunta… pulso firme.

 

A punta de dedo señalo quien hiere, quien ciega, quien sigue, quien permite.

 

Aprieta…

 

Fuerte, tanto que confunde y convierte. Mucho nunca es bastante, demasiado siempre es poco.

 

Dispara.

 

Hechos y palabras, palabras y reacciones, reacciones sin sentimiento, sentimientos y pesares.

 

Bombardeo de sensaciones bajo la misma sábana, sobre la misma a cama y junto a ti. Mezcla de odio y rabia, cariño y ternura, humillación y orgullo.

 

A punta de dedo señalo quien hiere, quien ciega, quien sigue, quien permite. Mi reflejo en el espejo me remite la respuesta. Tú.

Yo. Yo soy quien hila el dolor a mi corazón, la que cierra los ojos por no ver que no hay más que blanco o negro, la que persigue sin razón alguna la palabra indiferente ante la mía, sorda e incrédula. Y si estoy así es porque yo doy pie a que seas malabarista de mi cordura y la lleves al límite del equilibrio. Si cae, no hay red; si guarda el frente sigue mirando al horizonte viendo nada…

Te quiero... y siempre te querré

¿Conoces esa sensación de quedarte mirando hacia el horizonte con la mente en blanco, como si todo se hubiera parado en ese momento, mientras notas, por el bullicio y porque te hablan, que sigue girando el mundo a tu alrededor y que eres tú quien se ha detenido? Y… la sensación de ese tic-tac que, de forma desproporcionada, se encarga de desordenar tus pensamientos y sentimientos, palabras y respiración, actos y precisión; ese tic-tac ante la espera de algo inesperado que sabes que tanto deseas, ¿la conoces?

O el cosquilleo de recoger a una persona, en una estación de tren, que hace mucho tiempo que no ves, los años han pasado de largo por vosotros y llevas contigo cierta certeza de no saber cómo reconocerle y, una vez hallado tal pasajero, si el tiempo ha hecho mella.

Estando contigo conocí esa sensación, la de estar sin estar. Fuiste capaz de llevarme, sin salir de cuatro paredes de un piso viejo y cansado por las vidas que le habían visitado, a donde nadie nos podía ver; tú eras mi horizonte. Me enseñaste a creer en “algo especial” que sólo tú veías en mí. Me dejabas conocerme sin complejos y a quererme como tú lo hacías, privando el ruido de las bocas que envidiaban mis ojos al quererte, protegiéndome de cualquier frío nocturno que aprovechara mi sueño, dejando huella de cada paso que dabas por si mi cordura, despistada, perdía la inocencia.

Pocas eran las vidas que creíamos haber coincidido antes para que ese tic-tac desproporcionado, ese vaivén de nervios incontrolados, esa mezcla de deseo e incoherencia, se desvaneciera por cada suspiro que llevaba tu nombre. Por el roce de tus labios en cualquier rincón de mi cuerpo, por cada lágrima de sudor que desprendía nuestra piel al fundirnos en un solo aliento encauzado al deseo. Por tus manos, que recorrían mi espalda provocando una tormenta en mi interior ruborizado, desatada por el frío más templado de las yemas de tus dedos, inventando cuan embaucador ladrón, la manera de robarme medio escalofrío.

Ahora estoy sentada en un banco gris de hierro, frío, con pequeños charcos de agua de engañosa profundidad, mirando un reloj de pared bastante grande que parece poner fin a los minutos que pasan por sus manecillas. Marca la hora exacta, las 09:14 de la mañana. En la estación sólo estamos el revisor, un señor ya mayor enfurruñado por la tardanza de la llegada del próximo ferrocarril, y yo.

Hace meses, figurados en años, que no te veo y que sé menos que algo coherente sobre ti. Casi no recuerdo tu forma de andar o tu olor, lo que me hace esperar intranquila en el banco, moviendo el pie derecho con pequeños y cortos tics. Lo único que recuerdo son tus ojos rasgados color café mirando los míos, acariciando con ellos mi cara y desgastando mi boca. Confiándome seguridad, diciéndome “te quiero”.

Hoy no sé muy bien a quién ni qué espero. Haberte tenido grabado en mi mente durante estos meses y seguir mi vida sin ti como si estuvieras en ella, ha sido vivir un presente pasado al que yo he engañado con tu falsa presencia.

“Adiós”, para no pedirte explicaciones que todavía desvelan mis noches y nublan mis mañanas. Escogiste tren y destino. Mientras tanto, mientras sigo sintiéndote cerca y te desvaneces como humo en aire, parto con la intención de no mirar más atrás y pisar fuerte hacia delante, dejándote en el olvido de una vieja maleta llena de ropa que ya no utilizo y que no viene conmigo.

Quizás algún día vuelva a por ella, quizás la vuelva a abrir y sienta fervor en mis venas, pero hasta entonces iré sin equipaje de más.

 

… “Casi no recuerdo tu forma de andar o tu olor, lo que me hace esperar intranquila en el banco, moviendo el pie derecho con pequeños y cortos tics”…

 

Te quiero y siempre te querré.

Marioneta errante

Hundida. Dolida. Engañada.

Manchada de mentiras cuya finalidad no era más que disfrazarse de verdades que de nuevo sólo yo me creo y creé por palabras ciegas de ti.

Errante. Vulnerable. Traicionada.

Corrompida por dentro y envenenada por fuera. Todo lo que me supo a calor no era más que simple alevosía fría y calculada, que llena de vacío mis ojos y vacía de lleno el latido de mi cuerpo.

Decepcionada. Triste. Perdida.

Sucumbida al arrastre de tu sombra, arrodillada ante tu boca, atrapada en tu mano, sobreponiendo tu persona entregándote la mía. Empujada por una bocanada de aire a saltar sobre mi propio dolor, sobre mí colmada de decepción.

Rabia. Coraje. Ira, que no vale más que para alimentar el recuerdo de que una vez te quise y de que una vez te quise olvidar siendo marioneta de mí con tus palabras, de las heridas de mis sentimientos que sólo tú creíste y creaste para reírte.

Contaminada de tu deseo escribo renglones sin cesar que sopesan tu ser por este amor invidente preso de ayeres que han quedado tras un espejo y que sólo puedo ver mi reflejo en ellos. Obsesionada por oír de tus ojos lo que tu boca calla y mi sentir inventa.

Confusión, tú que atraviesas mi voluntad como una lanza oxidada que destruye la razón de no verle más, de no sentir la necesidad de rozarle con el odio que me tacha como hipócrita ante mi corazón; deja de echar por tierra cada intento de abrir mi alma y de encontrar el orgullo que tanta falta le tengo. Deja de ignorar cada suspiro de tristeza que vaga por mi esencia desgastada y condolida por el falso abrazo que me dio la última noche y el efímero beso de despedida.

Arrogante tonta que todo cree saberlo y tan sólo es aprendiz de cicatrices abiertas de costura imperfecta, revienta el silencio que tus manos plasman en escritos, ármate de valor y escucha lo que tus ojos vieron y tu pecho sufrió.

Arranca el corazón de tu garganta para no tener represalias contra ti ni con quien te desarmó en desnudo. Arranca el corazón de tu garganta para no sentir frío cuando cierres la puerta y no se atragante el fuego de tu espalda que te hace avanzar.

Soy marioneta errante que pide cortar los hilos que manejan su vida…

 

… Déjame libre.

Veneno

Entre lo bueno y lo malo.

Entre lo que se debe y no se debe.

Entre lo normal y “fuera de serie”.

 

.Prohibición.

.Lujuria.

.Obligación.

.Insinuación.

.Alcohol.

.Veneno.

.Sexo.

.Mentiras.

.Venganza.

.Drogas.

.Deseo.

.Tabú.

 

Pasar la fina raya entre el bien y el mal visto desde mentes arcanas o lejanas del vicio.

 

… Querer probar…

 

He traspasado el límite que hay o debe de haber entre querer, desear y tener. Lo he hecho sólo en mis pensamientos y en los sueños más húmedos. Sólo imaginando he sido capaz de no diferenciar entre lo real y la vaguedad más vacía de lógica.

 

No sé si es el mismo pecado el que me hace querer pecar con mis manos tocando tu cuerpo, haciéndome correr mi sudor en tu piel. Y SÉ QUE ESTÁ MAL. Ya no sé si son mis propias ganas de mujer de mojar mis sábanas cuando te pienso cerca, cuando te tengo en mente, cuando te siento en mí cuando imagino, por imaginar, que trepas por mis piernas y te anclas en mi ombligo. Por imaginar te imagino cual espía de mi alma que investiga los placeres que me atrapan por la noche, saboreo entre sueños y le confieso a mi almohada.

 

La idea de que tú seas prohibición me lleva a la desesperación, a la obligada negación de desearte de una manera que me hace arder como ya había ardido alguna vez mientras mentía al mundo que engalanaba mi vida. Ahora engalanas tú un jadeo mudo en mi cama y no lo sabes. El alcohol y las drogas liadas en un mismo instinto insinúan que lo haga, que caiga en el tabú de probar tu sexo, que quiera más y no podamos rozarnos. El roce de tu mirada es probar tu veneno y desquiciar mi cordura de la forma más inocente. Eres lujuria ante mis ojos y venganza de mi más oscuro apetito.

.Música.Sin.Sonido.

Te canto aquí sin música pero con letra, en silencio pero estremeciendo "nuestras palabras usadas" en una canción sin eco.

 

¿Has visto en lo que nos hemos convertido?

El tiempo y la distancia nos trata como desconocidos

Aún no lo entiendo, aún no entiendo que lo hayamos permitido

Con lo difícil que fue, siempre escondidos

¿No ves? Parece que esto no va a ningún lado

Después de tanto, tanto ¿con qué nos hemos quedado?

Ya no seguimos la misma dirección

Y yo me encierro en los recuerdos que cuelgan de esta habitación

Tú me hablas de un futuro en el que estaremos mejor

Ahora como amigos para aprender la lección

Quién cuenta con mi opinión

En otro día, otro momento, otro lugar quizás

Me rendiría a tus llamadas, caería sin más

Aunque no quiera abro los ojos y no estás

Es cuando comprendo que escribí nuestro final

No hubo previo aviso, sólo informalidad

En forma de ausencia fue como dejamos de hablar

Cuando vuelves no sé ignorarte o dejarme llevar

El tic tac de mi reloj ya dejó de andar

Esperando que…

 

... vuelvas?

... hagas algo que me de el aliento que me falta cuando decido lanzarme.

 

"Como en un tablero de ajedrez. Como una buena jugada. Mueve tu pieza. Te toca advertirme"

 

 

JAQUE

MesYeux

“Nunca trates con prioridad a quien te ha tratado como opción”
Esta fue la frase que me hizo despertar de un profundo sueño en el que había estado, como en coma. Mis sentidos no respondían a los estímulos que estaban recibiendo y eran estímulos que cualquiera reconocía menos yo. Para mí eran señales, un tipo de esperanza que había creado en mi cabeza, que no existían en realidad, y me aferraba a ello. No he sido consciente de que de verdad llega el perdón cuando los recuerdos ya no duelen, cuando has olvidado qué te hacía estar mal, de que cuando has tropezado una y otra vez con la misma piedra sabes que está ahí y por tanto puedes elegir entre aprender a esquivarla o a quitarla sin más para no volver a caer, para empezar desde abajo; o lo intentas tantas veces que se vuelve una costumbre, una adicción que sólo tú ves bien, adicción a tropezar, a levantar y a caer. Llega a parecer adecuado equivocarse porque “está bien”, te engañas excusando acciones que te han hecho daño, excusas tontas que no tienen sentido alguno, que en otro momento o con otra persona no las tienes, es más, te enfadarías; y te convences de que “esta vez es la buena” y si no funciona “por favor asegúrate de que no lo vuelvo a hacer”. Bien se sabe que si no son nuestros ojos los que ven da igual lo que otros vean.
No me arrepiento en absoluto de haber tropezado cada día, cada hora, cada vez que para mí era oportuno con la misma piedra, lo hacía sin querer queriendo pero sin saber… sabiendo que me mentía. Algo me alejaba de ti pero no quería verlo. ¿Por qué tenía que hacerlo si ayer estaba todo bien? ¿Por qué si hacía unas horas me habías dicho que era yo y no otra persona? Incluso te atrevías a compartir conmigo noches en vela quebrantando el silencio de tu habitación. ¿Por qué si era capaz de quitarte el miedo de mí conmigo cometiendo locuras que con nadie se me ocurriría hacer, no aguantabas el no hacerme daño con palabras mal interpretadas por tu corazón y mal traducidas por tu boca?
Ahora creo saber entender que durante este tiempo, “tu tiempo”, fui solamente una opción. No tenía la prioridad que esperaba y deseaba tener. Era una burda opción. Opción de seguridad para un rato, un par de días, algo pasajero, algo rápido que no te agobiara. Opción de opciones. He sido una elección de un día aburrido y sin plan. Opción a la locura que te podía ofrecer recorriendo kilómetros por la carretera a escondidas durante la noche, para amanecer contigo y gastarme en tu piel. Opción de palabrería para hacerte saber que estaba ahí, sólo para ti, cuando tú estabas mal.
Sólo una opción de algo que no tienes en un momento determinado y como capricho quieres ahora, ya, porque lo tuviste una vez.
 
Ni resentimiento, ni dolor, ni inquietud.
 
       R
       E
     C
    U                                           “Ella no te necesita.
        E                                                  Tiene tu recuerdo,
          R                                       que vale más que tú”
   D
    O
         S
 
 
Hasta ahí… hoy puedo leer.

Doble filo

No lo hice sólo una, ni dos ni tres veces. Rebasé el límite de lo que podría ser medianamente comprensible. No sólo se lo he hecho a una persona, ni a dos ni a tres. Suena despreciable en cuanto se sabe de lo que estoy hablando. Pero… no hay peros.

 

Se siente la libertad de poder hacer todo cuanto te plazca porque es de noche, porque es de día, porque has bebido, porque has fumado, porque te apetece, porque quieres, porque no lo has dudado, porque no lo has buscado. Te ha encontrado.

 

Nadie se tiene por qué enterar. Nadie tiene por qué sufrir. Nadie es de nadie. Nadie ata las ganas. Nadie hace de malo, nadie hace de bueno. Nadie se confunde.

Sólo un par de horas, quizás más. No es necesario hablar.

 

“No quiero conocerte”

 

Fui infiel más de las veces imaginadas por cualquier persona. Fui infiel de todas las maneras pensadas menos en la cama. La cama me era infiel a mí.

 

Me he sido infiel a mí misma, tanto que me asusta pensar que me gusta lo que hago, que así despierto mi otro yo, el que estaba dormido, el que ya se me había olvidado. Me he sido infiel y he saboreado tus noches con desconocidos debajo de tus piernas y entre tus manos.

Sí... pero no.

Es como… como cuando tienes sueño pero no puedes dormir o no encuentras la postura más cómoda que no paras de moverte, de arroparte y desarroparte. Das la luz, miras la hora, piensas en el poco rato que ha pasado y lo eterno que se te está haciendo. Repasas tu habitación, miras los cuadros que tienes colgados, intentas recordar de cuándo son o por qué tienes ese cuadro, póster, fotografía, por qué tienes tantos peluches con tu edad, te replanteas cambiar de sitio algún mueble porque ves la habitación más grande, y acabas mirando al techo pensando mil cosas que probablemente son las que no te dejen dormir ni encontrar la postura. Apagas la luz y vuelves a intentarlo.
“Venga duérmete, que vas a pillar el sueño rico cuando tengas que despertarte”.

 

O también como… como cuando has probado un plato de comida o postre, me da igual, que te ha gustado mucho. Lo has comido en un sitio diferente de dónde estás ahora pero es lo mismo, comida, y debe saber igual. Lo pides con muchas ganas porque te gustó tanto que quieres repetir. Te traen tu plato, te traen lo que tú habías pedido… y no, no sabe igual. Está rico, sí, pero no era ese sabor que te hacía salivar y sin tener bocado alguno en la boca puedes saborearlo perfectamente.

 

O como cuando escuchas el empezar de una canción en la radio o en un pub, que te encanta, hasta le das un codazo a tu amiga a modo de aviso para que cante contigo o le señalas a ella y luego apuntas hacia arriba con el dedo como diciendo: “temazo”, y después de 2 segundos más de música te das cuenta de que sólo era un comienzo parecido, no era esa canción que te sabes a medias o te inventas la letra y que te gusta tanto.

 

También se me ocurre la batería del móvil. Cuando llevas hablando un buen rato, que te empieza a sonar un “piii” por la falta de batería pero confías en que dura un poco más y no se va a apagar, de hecho avisas a la otra persona que puede ser que se te apague el móvil porque no para de oírse el sonidito, sin embargo se vuelve a alargar la conversación, y justo se corta cuando vas a decir que… ¿Hola? ¿Hola? Se ha cortado.

 

¿Y hacer cola para comprarte una entrada a cualquier evento? Llegas al sitio y ves que hay mucha gente, pero tranquila, seguro que hay entradas de sobra. Estás más cerca de la ventanilla y ves que la cola empieza a disolverse. Preguntas qué pasa, nadie contesta, pero por las caras lo adivinas. Te has quedado a 3 personas, 3 tickets y 3 minutos de tener tú entrada.

 

O como cuando tienes frío y no hay manta lo suficientemente grande y calentita para que te arrope, porque lo que quieres es el calor ese que desprende esa persona que se tumba a tu lado y te hace cerrar los ojos porque ya no hay frío, solo calor.

 

Pues así. A medias.

... con hielo.

Me quedé colgada toda la noche. Le vi. Me vio. Nos vimos. Seguía colgada. Colgada de la mano de la barra del bar.
-De beber pediré… razones con hielo.
-Perdona, ¿cómo has dicho?
-Razones con hielo, que con la mente fría pienso mejor.
Tenía una mala semana, un mal día, una noche larga, un momento... ¡un momento! Por pensar que no quede, pero pensé que nunca encontraría en ese instante unos ojos como los suyos. Llegaron a intimidarme y me dibujaron una de las sonrisas más bobas que podía sacar justo en ese momento. Lo tengo que admitir, me enamoraron.

 

Serás “mi momento”.

 

Te he visto pasar delante de mí, ¿cuántas veces? ¿1000, 2000? Y no me había parado nunca a mirarte. Perdona por la precisión de la siguiente frase pero desde ahora mi color preferido será “tus ojos”.

 

No me hubiese importado quedarme un rato más mirándote, ignorando la música de fondo, mientras me invitas a bailar en mi cabeza y el mundo se acelera. Se acelera. Se acelera.

 

Gracias, me hiciste pasar un buen momento, "mi momento", bebiendo razones con hielo.

Es-Cupido morado

Y mira que lo intento. ¡Mira que lo he intentado! Pero nada.

 

Por Más que quiero Odiarle, poR mÁs que quiero que Desaparezca, pOr más que no quiera verle con que cierre los ojos ahí está. En primera línea. Como si se tratara de llegar el primero a cualquier parte, está presente en todo lo que hago y claro, le termino odiando. Influye tanto en lo bueno como en lo malo y hoy es de esos días en que todo, mire con los ojos que mire, se ve feo. Color marrón oscuro con su mijita de negro y pincelada de gris con verde ácido.

 

Me jOde, me jode mucho teneR que estAr así y Duele, por supuesto que duele, y nO es plato de gusto lo aseguro. Algunos dicen que así es la vida, los más cultos o intento de ello me sueltan el típico "c'est la vie" y los que ni si quieran saben qué me pasa me consuelan con lo que más hago: no te ralles, una buena fiesta y todo se olvida.

 

Sin embargo nada Me cOnsuela, ni las palabRas precisAs De la mejor amiga ni el mejOr momento con las palabras oportunas (ni tan siquiera el alcohol, que es lo que más me preocupa). Y es que no tengo solución. No me conformo con nada pero es que tampoco tengo a lo que aferrarme, que no es eso, si no algo con lo que pueda decir sí, me quedo tranquila.

 

Supongo que a todo el Mundo le gustan las cOsas claRas y yo formo pArte de ese munDo, de hechO, promuevo lo que viene siendo la claridad. Vale, no siempre es así pero lo intento en su justa medida aunque sea por escrito. Y todo por subir una escalera, agarrarme a un hierro oxidado, medir bien los pasos por las tejas sueltas y acabar de pie en una pequeña parte del tejado mirando un trocito de Madrid iluminado, otro difuminado y otro oscuro. Sí, era por la noche y corría una brisa agradable, fresquita; me hubiera quedado más rato. Eso sí, con una mantita.

 

La vida es algo Más que ir saltandO de cama en cama. Y lo digo yo, la que se ha estado quieta duRante estos Años, la que siempre ha siDo fiel y tenía los labiOs sellados por la privacidad. Que quede claro que la inmensa mayoría de mis palabras están cargadas de bastante ironía que suele irritar.
Lo que iba diciendo, que la vida es algo más que ir saltando de cama en cama. Ya me tocó a mí y ahora supongo que te toca a ti. Es justo, sí, pero no necesario. Ahora por lo que se ve estoy en la etapa de sinceridad conmigo misma, de encontrarme, paz interior, bla, bla, bla. Pero ya te digo yo que no. Lo que me pasa es eso. Joder eso. Eso que empieza por la ‘e’. ‘E’ de… empanamiento, estupidez, enganche, embobez; y sigue por ‘narmorarse’. Pues eso, que me ha tocado el gordo y no hay manera de que se me vaya el “empanamiento, estupidez, enganche y embobez”, cuanto más lo oculto más se me nota y más chascos para mí. Yo me lo guiso y yo me lo como (y no, no soy Juan Palomo).
Lo más gracioso es que he cambiado, en cuestión de 5 ó 6 meses he cambiado o me has cambiado, como lo quieras ver, el caso es que no soy la misma. No para mal, no, si no que me noto distinta, más tonta y con la cabeza en otra parte. Mi hermana diría que estoy “en la parra” y yo asentaría con la cabeza afirmando lo que es tan obvio. ¿Pero alguien me explica que es eso?

 

Amor. Según nuestro aMigo google, el amOr es consideRado como un conjunto de comportAmientos y actituDes, incOndicionales y desinteresadas, que se manifiestan entre seres capaces de desarrollar inteligencia emocional o emocionalidad.
Personalmente yo leo esto y me quedo igual. Vamos, que se ha quebrado.
Si el amor consiste en conocer a alguien, interesarte por ese alguien, que vaya entrando cada vez más en tu vida, que haya complicidad, coincidencias (metamos también la causalidad que últimamente me acompaña bastante, creo que llevo una mochila repletita), hacerle detalles porque sí, sonreír como una auténtica gilipollas cada vez que te recuerda algo a ese alguien, que a todo le pongas “su nombre como etiqueta”, que las quedadas no sean por mera casualidad y sean por interés, que haya vergüenza, que destaque la timidez, que te conviertas en una cursi y ñoña impulsiva, tener ganar de compartirlo todo con ese alguien (al cual le acabas cogiendo manía si no te corresponde porque por un cierto período de tiempo corto o largo, según la persona, ese alguien es el centro de tu todo y sólo ronda eso por tu cabeza que la tienes dura como un piñón y hasta que no te hace daño o se te cruza otro alguien NO PARAS, somos lo peor). En fin, si eso es amor o algo similar a mí cupido no me ha lanzado una flecha directamente ha cogido una catapulta y ha apuntado a lo que es yo entera. Y no me lo puso ni me lo ha puesto fácil, NO, ha escogido a la persona menos oportuna, en un momento de mi vida algo delicado y con todas las pegas, contras y sin sentido habidas y por haber.

 

Me encanta ser tan afortunada.

Cepillo de dientes

¡Taxi! ¡Taxi!
¡Eh! ¡Taxi!
¡Joder! Otra vez me toca esperar. Siempre lo mismo, esperar. ¿Por qué de madrugada no hay taxis libres? O mejor dicho ¿Por qué siempre están ocupados? Con el frío que hace… y aún queda media hora para el metro… y son… una, dos, tres… siete, trasbordo y dos paradas más. ¿Pero dónde estoy? Cuando vine no me pareció tan largo el camino. Me tocará ir andando para hacer tiempo o hasta que encuentre un taxi.

 

Iba un poco fumada, un poco aturdida, un poco alegre, un poco triste, algo desorientada, con sueño. En esos momentos o tienes un mp3 para entretenerte o acudes al teléfono móvil. La primera opción es la mejor y más sana. Escuchas música, bailas un poquito, cambias de canción si no te gusta y se te hace más amena la espera. No implicas a nadie. Sin embargo, la segunda opción es la peor, por lo menos en mi caso.

 

Te quedas mirando el menú del móvil unos 5-10 minutos. Oscilas entre Juegos (los cuales ya te has pasado todos los niveles o son un demo y casi no puedes jugar), Llamadas enviadas/perdidas/recibidas (sobre todo por asegurarte de a quién has llamado, a quién no se lo has cogido y con quién has hablado), Galería de imágenes (es lo más socorrido. Ver y volver a mirar fotografías que te sabes de memoria y que incluso te predispones a editarlas y a guardar la misma imagen en blanco y negro, sepia, posterizado…), y la última carpeta que deberíamos evitar mirar: Mensajes.
Claro, culpa de esto lo puede tener las imágenes. Suficiente tener una fotografía de alguien a quién añoras que un impulso sináptico nervioso te lleva a mirar inmediatamente los mensajes de esa persona. ¡Error! Se te olvida que llevas un poco de todo en tu cuerpo y que la vas a cagar. La vas a cagar.

 

Miras la carpeta: Mensajes. Y no entiendo por qué, no lo entiendo de verdad, se empieza desde los mensajes que tienes del año 2008 que hasta se abreviaba de manera distinta.
“¿Es que no borras los mensajes? Algunos no, que me gustan ¬¬”
Los miras. Comienzas a recordar, a reírte por lo que has recordado, algunos los borras porque piensas “joder, para qué tengo un mensaje que pone en 10 minutos llego si encima llegó tarde”, otros los pasas sin leerlos pero no los borras y acabas en los mensajes que intentas esquivar pero que tarde o temprano, en la visita de esta carpeta, iban a caer.

 

Generalmente cuando ves cómo empieza el mensaje o lo cierras y pasas a otro (lo normal), o directamente sigues leyendo para ver qué ponía (mi caso, masoquista). Lees palabras comprimidas en letras juntas inentendibles que sólo entendemos las personas que nacimos a partir de la década de los 80. Aunque sean inentendibles son entrañables.

 

Llegas a leer mensajes como “t gutaria qdar slo pa hablar”, “lo d anxe… mencanto”, “qando qras repetimos”, “nse ke tnes, nse ke m aces, xo m toy enganxand a ti”, “nse q aria sn ti”, “sta nxe no ubera sio iwal si no uberas venio”, “grcias x stos mses, mas exo mu feliz”, “texo d mnos”, “ojala stuveras aki”, “tQ”, “te quiero”.
Hay una gran diferencia entre tQ y te quiero y es que “te quiero” es el de verdad y “tQ” por abreviar. Yo no abrevio esas dos palabras, es demasiado grande como para expresarlo en dos letras que se leen “te-cu”, pero es lo que tiene sólo poder rellenar 160 caracteres, por ahí… nos escapamos.

 

Lees, relees, vuelves a leer. Los tienes grabados en tu mente, sabes hasta el orden que llevan, y cómo te gustaría volver a ese momento en el que recibiste ese mensaje. Entonces, por las sustancias nocivas que corren por tu sangre, decides reenviar el mensaje que más te ha emocionado con alguna anotación a esa misma persona (con suerte un amigo, con mala suerte tu ex) o le envías cinco palabras bien escritas, sin abreviar ni acortar, diciendo: sólo me acordaba de ti.
Probablemente después de mandarlo piensas que eres gilipollas, que la has cagado, que no lo tenías que haber hecho, que para qué lees los mensajes. No vas a tener respuesta y si la tienes no es la que tú esperabas.

 

Para qué esperas un taxi pudiendo coger el metro aunque le quede media hora. Mientras encuentras la boca de metro la media hora ha pasado y si no seguro que te encuentras a un chino vendiendo cerveza y hace que pase algo más rápido el tiempo porque no para de ofrecerte las mil variedades de cosas que lleva colgadas.

 

Esa noche llevaba mp3 y jugué, mientras abrían el metro y cantaba en voz baja, a los aburridos juegos de mi móvil. Cuando llegué a casa entré a oscuras para no despertar a mis compañeras de piso. Fui directamente al baño, que está muy cerca de la entrada. Cerré la puerta y encendí la luz.

 

Hubiera mandado el mensaje más raro que nunca he escrito por acordarme de alguien:

 

"Ya no está tu cepillo de dientes en mi cuarto de baño".

Acerca de macuinis

Palabras usadas en historias comunes de desconocidos. Tú. Yo.

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar

Albergado en:blogspot.es

Noticias: Noticias

Contador gratis contadorplus.com